El legaltech ha venido a impulsar la tecnología de la abogacía. En el sector legal se traduce en la Inteligencia artificial aplicada a sus procesos y para agilizar y optimizar sus servicios.

Si hace 7 u 8 años le hablamos a un abogado de la inteligencia artificial pocos hubiesen pensado en algo más que en un elemento extraño con un marco legal incierto y por desarrollar y casi ninguno se hubiera aventurado a contemplar la dimensión que Inteligencia Artificial podía darle al sector.

Hoy las herramientas de abogados y para abogados y para los clientes están llenas o salpicadas de virtualidades procedentes de la aplicación de la inteligencia artificial.

Deep learning, machine learning, Inteligencia Artificial supervisada y, la siempre en vigilancia, Inteligencia Artificial no supervisada… todas ellas con sus algoritmos y fórmulas han ido alimentando y enriqueciendo los instrumentos tecnológicos del ejercicio profesional.

Gestores documentales con más o menos automatización, buscadores-asistentes con mecanismos de procesamiento de lenguaje natural, sistemas digitales de atención e interacción con los clientes, automatización de procesos (notificaciones…).

Podemos desgranar los bloques de identidad del legaltech en:

  • Tecnología para sustituir abogados o
  • Tecnología para crear una abogacía digital y automática
  • Tecnología para eficientar los procesos operativos de los abogados; el presente del futuro del Legaltech está vinculado a la IA y sus variantes y posibilidades.

La inteligencia artificial nos permitiría categorizar, clasificar, clusterizar y catalogar toda esa información, generar sistemas enriquecidos de búsqueda, en tiempos increíbles.

Mis proyectos dentro de la abogacía digital y automatizada

En esa línea de abogacía digital y automatizada, desde hace 6 años investigamos y desarrollamos el prototipo de una plataforma para gestionar de modo completamente on line reclamaciones frente a las compañías telefónicas por cobros indebidos en las facturas, problemas de servicio.

Nos sirvió para testar las posibilidades de la tecnología, sus dificultades, las necesidades de inversión… y el camino a recorrer.

Comenzamos a orientarnos en la Firma a la idea de una abogacía sin abogados, es decir, a unos servicios jurídicos donde el cliente evitara la presencialidad, los procesos analógicos y generar una alternativa a los canales tradicionales.

El objetivo era simplificar y hacer accesible el procedimiento para el cliente.

Nos topamos con dificultades en la autentificación de identidades, digitalización de datos, … Aspectos hoy muy mejorados aunque todavía con recorrido.

En el apartado de la tecnología para mejorar procesos internos de la abogacía y dotarlos de mayor eficiencia, en 2017 nos enfocamos a la Inteligencia Artificial aplicada o vinculada al procesamiento del lenguaje natural.

Nuestro objetivo era optimizar el tratamiento de la gran cantidad de información y documentos que se trabajan en un despacho de abogados.

La Inteligencia artificial nos permitiría categorizar, clasificar, clusterizar y catalogar toda esa información, generar sistemas enriquecidos de búsqueda, en tiempos increíbles.

Fue una experiencia apasionante y espectacular que culminó en la tecnología lawint con la que fuimos reconocidos como los más innovadores en el sector legal.

La gran enseñanza de ese proceso fue que para integrar e implementar tecnologías en el sector lega, lo esencial era configurar herramientas muy usables para problemáticas muy concretas.

Las grandes tecnologías de servicios y su potencialidad debemos traducirlas en un “click” que sirva a tareas específicas del abogado en el día.

Desde entonces venimos orientando nuestra área de innovación e investigación a esa misión.

Ya no se trata de descubrir tecnología, sino de implementar e integrar tecnologías en las dinámicas de los servicios jurídicos: la gestión documental, el tratamiento de información, la digitalización de procesos y de la interacción con el cliente y los grupos de interés…

Todo ello desde la configuración de equipos híbridos de trabajo: abogados y tecnólogos, abogados que programan, tecnólogos que escuchan e interactúan con abogados. La experiencia usuario como fuente de alimentación y código fuente esencial y un proceso abierto y vivo siempre.