Se habla mucho en esta época de talentos, de competencias, de salario emocional, de motivación… Todos son elementos de impacto en los individuos que conforman un equipo profesional y en el equipo mismo.

Diría yo que se pone mucho foco en el talento y el conocimiento, en las habilidades de diversa índole, en el análisis de competencias e incluso se invierte en procesos de “team building” y todo ello resulta necesario y de gran valor diferencial. Sin embargo, el gran reto para configurar un verdadero equipo y empresas con sentido es lograr “identidad” e identificación, esto es, un alma común.

La importancia de la formación

La formación nunca está de más y sigue siendo imprescindible también en el mundo profesional de modo continuo. Pero también contamos con una elevada población de universitarios, de graduados, de expertos con postgrados, masters, doctorados… El conocimiento incluso especializado en términos generales no escasea. Si bien la volatilidad del mundo y el trepidante ritmo de los cambios exigen mucha adaptación y nuevos conocimientos y los ámbitos de formación y educación no siempre responden al ritmo necesario.

En definitiva, existe conocimiento aunque se demanden y se van a demandar nuevos conocimientos, y hay una mayor sensibilidad para captar, reclutar, formar y retener talento. Sin embargo ese conocimiento incluso experto, y ese talento cada vez más versátil y de más alto nivel pueden acabar generando estupendas empresas sin alma.

La curiosa tarea de conseguir un equipo con alma

El verdadero nexo que transforma la idea corporativa en sentir identificación, compromiso y responsabilidad. Lo que le pasa a la empresa, me pasa a mí; lo que es y hace tiene que ver conmigo. Es por esto que conseguir empresas y equipos con alma es un verdadero desafío, en realidad es el desafío porque es lo que convierte un grupo en único, lo que se hace en algo inimitable y lo que se ofrece en una verdadera aportación de valor añadido inigualable. 

El alma es la pasión, la ilusión y las ganas en y por lo que estamos haciendo, es una proyección del ser hace ese hacer. Trasciende y enriquece o ilumina ese conocimiento y ese talento y le da sentido. Mucho talento junto sin ese alma pueden no ser ni equipo o si es un equipo su foco está solo en el interés y esto es positivo pero no es tan diferencial como la emoción de sentir por y desde lo que haces.

El alma en un equipo no siempre se puede medir (aunque hay indicadores para la satisfacción o el compromiso o la felicidad) pero hace que todo lo que se pueda medir mejore sustancialmente. Pasa por creer en lo que se hace pero también en una forma y un estilo a la hora de hacerlo. Ese alma tiene que ver con la emoción y la emoción nace pero también se fomenta, se anima y se activa. Ese es el reto.

¿Qué caracteriza a los equipos con alma?

Cuando una empresa tiene un alma común responde a los problemas y las dificultades con un sentido del colectivo y desde una identidad determinada. Una empresa con alma es imperfecta como la emoción pero tan auténtica como ella. Una empresa o un equipo con verdad donde el todo está por encima de las partes, y donde ninguna parte puede derrocar al todo.

En las empresas con alma y en los equipos con alma se trabaja la identidad y la identificación. No todos sentimos igual ni vemos lo mismo pero en los equipos con alma cada uno puede sumar y aportar lo que siente a su manera además de lo que sabe y lo que conoce y entonces su talento se enfoca hacia una luz común y se enriquece de otras luces.

El alma y la identidad se alimentan de comunicación, de hechos, de generosidad, de altura de miras, y de apreciar lo que los demás y el entorno nos aporta y nos suma y lo que nosotros aportamos a que ese “alma” se construya. Y es un proceso de mejora continua y de atención y cuidado permanente. Y el primer paso es contar con personas a las que le importe ese alma y esa identidad.

El alma, la pasión, la ilusión y la identidad común potencial el talento y el conocimiento y son su mejor plataforma y alimento.

Mi experiencia formando equipos con alma

Y todo esto lo cuenta quien ha sufrido traiciones, deslealtades y decepciones tratando de construir “equipos con alma” o incluso creyendo que los tenía. Y de ello aprendí dos cosas que es posible hacerlo y cuando lo haces eres imparable y que nunca hay que darlo por hecho ni por supuesto porque a veces el alma se pierde por golpes o por desgaste.

En el alma también encuentran acomodo la creatividad, la innovación y la productividad porque el alma no se reserva, se entrega. Es difícil, y requiere mucha tenacidad pero si se consigue un equipo con alma, una empresa con alma, y convencida de su identidad y comprometida con ella, estaremos ante algo superior, especial, diferente y trascendente. Esto se ve en las fotos, en los resultados, en la facturación, en el servicio o en los productos pero sobre todo en los ojos brillantes y en el ánimo y las ganas de aquellos que le suman luz a ese alma.

Un grupo con alma no tiene todas las respuestas pero es capaz de enfrentar cualquier pregunta.