Mis 25 tips empresariales

  1. Yo no tomo decisiones trascendentes ni relevantes los lunes ni los viernes, si puedo evitarlo. Los lunes se tiende al pesimismo y se peca de prudente; y los viernes es un día de “venirse arriba” y dejarse llevar.
  2. Cuidado con el IVA, porque inevitablemente a veces caemos en la trampa de contar con él como un ingreso y parte de la tesorería y luego llega el trimestre y nos viene el susto.
  3. Lo primero que debemos separar y protocolizar es la facturación y el cobro. En el momento que podamos delegar esa tarea es mejor que no lo pensemos, porque es muy sano que nos relacionen e identifiquen con el producto o servicio y su marca o concepto más que con su precio y con el requerimiento de pago.
  4. Prudencia y cuidado con las redes; a título personal somos material frágil en esa enorme pecera digital que suponen las redes sociales, aunque, bien usadas, son fuente de contactos, impulso reputacional y escaparate de vida y virtudes
  5. Equilibrar la vida personal y empresarial es esencial para que todo funcione y avance. El equilibrio vital es parte esencial del equilibrio empresarial.
  6. Hacer deporte mejora tu vida, y lo que es mejor para ti es mejor para tu proyecto. El deporte oxigena, y el oxígeno ayuda a pensar. También enriquece la perspectiva, y, sobre todo, te entrena en valores fundamentales para la empresa: perseverancia y esfuerzo.
  7. Ser buen alumno de lo que te sucede y vives. No te fustigues por los fallos y errores, aprende siempre , y sobre todo, nunca, nunca, nunca te acomodes, no te conformes, no te pares.
  8. Diversifica, depende de muchos clientes, de cuantos más mejor; abre distintas líneas y conceptos; prueba e innova, sin perder esencia e identidad.
  9. Descansa, busca tiempos para el ocio y la relajación.
  10. La planificación y la previsión son vitales para una buena organización, para la anticipación y la estrategia. Implica también al equipo en todo ello.
  11. Ve a lo tuyo, céntrate en tu visión, márcate tu camino con firmeza aunque no con rigidez. Ten capacidad de adaptarte y de aprender, pero no te dejes influir fácilmente, no te rindas sin intentarlo.
  12. Oye a todos, escucha a muchos y quédate con los mejores y los que te quieren, y decide tú tras “hablar” contigo mismo.
  13. Hay noches muy oscuras y momentos de mucha soledad e incomprensión, pero los días siempre traen luz por nublados que sean.
  14. Esto es duro, no es un camino de rosas, no es fácil, pero no es un permanente infierno salvo que lo estemos haciendo mal. Aprovecha tus momentos, celebra tus alegrías, comparte tus penas… Si puedes parar, para.
  15. La libertad de ser empresario. Ese es el motor de esta vocación. Hacer las cosas a tu manera, sentir que no dependes de nadie, avanzar por tus méritos, tomar tus decisiones, invertir tu dinero, y correr tus propios riesgos, contribuir a la realización personal y profesional de otros, al bienestar de la sociedad en la que vives, reconocerte en tu proyecto… Eso se llama tener motivos o razones.
  16. Hay tiempo para todo y todo tiene su tiempo. Aprende a gestionar y optimizar tus tareas, sé ordenado, utiliza agenda… y sobre todo, no trates de resolver todo cada día. Es más, asume que no todo te corresponde resolverlo a ti.
  17. Las incertidumbres, cierto nivel de tensión e inquietud, preocupaciones y obligaciones, no son problemas, son rutina. Tenemos que ser capaces de gestionar el estrés y la responsabilidad. A esto ayuda ser honesto con las circunstancias, buenas y malas, que se atraviesan.
  18. Diversificar no significa ser disperso, hay que poner foco y estar centrado, dar pasos concretos. Conviene dedicar la atención necesaria, con la medida precisa. Todo a la vez terminará por desquiciarnos o afectará a nuestra credibilidad porque no podemos llegar a todo.
  19. Entrenar y mejorar el liderazgo, renovarlo y actualizarlo, aprender y formarse de modo continuo. Trata como te gustaría ser tratado, da lo que te gustaría recibir, pero avanza sin esperar necesariamente el retorno o la recompensa. 
  20. Reconocer errores, aceptar críticas, cuestionarse y ser sensibles a sugerencias, propuestas e iniciativas del equipo o de los que están cerca de nuestro proyecto. Todo lo que hagas que sea con fundamento, con criterio defendible y razonado. Evitemos ocurrencias y caprichos. No estamos a salvo del error pero sí podemos evitar la precipitación o lo injustificable.
  21. Atrévete, márcate de vez en cuando una iniciativa rompedora, con personalidad propia, que refuerce tu identidad y aporte valor a tu marca, y persevera en ella: un evento, una publicación, un nuevo producto, una oferta… Hay que ser sensible y estar atentos a las tendencias, al mundo cercano y lejano, observar, aplicar y hasta inventar o personalizar. La intuición también cuenta para no acomodarse.
  22. Selecciona tus batallas y tus guerras, elige bien y poco a poco selecciona y cíñete a lo importante. Lo nuestro es una carrera de fondo, hay que saber dosificarse, y regularse para no desgastarse sin buenos motivos. Y como método introduce cláusulas de mediación y arbitraje en tus contratos y estatutos para que tus relaciones y los posibles conflictos no acaben necesariamente en una traumática contienda judicial. Este también es camino de innovación y diferenciación.
  23. No te apartes de tus principios y valores, de tus criterios, de esos que te trajeron hasta aquí. Revísalos y mejóralos o adáptalos, hazlos crecer, pero no renuncies a ellos.
  24. No nos empeñemos en servir para todos los clientes, ni para todos los públicos, porque eso puede provocar que pongamos en peligro nuestro público principal y, sobre todo, nuestra identidad. Es más, la apuesta rompedora es aspirar y tratar de tener fans (en el sentido de lealtad, fidelización, vinculación, reconocimiento y confianza aun con su espíritu crítico – evitar “grupis”) incluso más que clientes comunes.
  25. El camino acompañado es infinitamente más prometedor y también más exigente, complicado y enriquecedor. Colaborar, dar participación, cooperar, formar equipo es un desafío en sí mismo dentro del gran reto del propio viaje. Hay que estar preparado para la decepción y disfrutar de cada pequeño éxito.