Los cambios cuestan y sobre todo cuando hablamos del mundo empresarial.

No hace falta más que una empresa que lleva un tiempo prudencial en funcionamiento y con buenos resultados, que la lógica de negocio lleva a pensar que si algo funciona, ¿para qué cambiarlo?

Sin embargo, sobre todo con los cambios que estamos viviendo en estos últimos tiempos, nos hemos dado cuenta que si algo funciona, no tiene porqué funcionar más adelante, o incluso en un periodo muy corto de tiempo.

La innovación debe formar parte de la lógica de negocio y hemos de propiciarla, aunque suponga ir en contra de lo que estamos acostumbrados a hacer.

La innovación y el cambio debe dejar de ser nuestra asignatura pendiente.

Cambio e innovación empresarial: la asignatura pendiente.

Tengo casi la neurótica manía de no dejar cosas pendientes y sin gestionar en ninguna bandeja de entrada de correos, notas o recordatorios. 

Y soy un incesante buscador de inquietudes e ilusiones y un defensor del cambio como constante. 

El cambio te cambia, y cambiar hace el cambio. Y es mejor ser el cambio que quieres ver a que lo que no esperas te cambie.

La innovación y el cambio empresarial están ya aquí. Son como las dietas, los necesitas, has oído hablar de ellos… o te pones con los tuyos o cualquier día alguien te pone a dieta a ti…o peor, ves que tú vecino ya está estupendo y tú vas tarde y mal.

La innovación es una estrategia empresarial y un valor de identificación. O es eso o todo se queda en simples destellos.

La innovación nunca es una foto fija ni un estado, es un proceso continuo que se retroalimenta desde dentro y desde fuera.

Hay quien compra un software de gestión y ya se pone la medalla innovadora, o quien se compra una oficina “clásica” nueva y se hace una foto con la gorra de innovador del año. 

La innovación no es hacer algo diferente alguna vez, ni hacer algo único una sola vez, es hacer todo eso y más; o más bien tener la disposición y la mentalidad para hacerlo continuamente y en cualquier momento.

Y eso es enfocar recursos, pero sobre todo transformar mentalidades, sensibilizar y colonizar ánimos y sumar talento.

La innovación empresarial es mucho más que una opción, es una necesidad y un camino o proceso para seguir siendo empresa o llegar a serlo en términos de competitividad.

No es hacer algo, sino ser algo. Por eso queda mucho por intentar, probar, descubrir… Y el punto de partida es la mentalidad y el convencimiento.

Una persona innovadora no deja de serlo pero sin una organización receptiva y sensible a la innovación no hay ecosistema para que crezca y se desarrolle.

Seguimos viendo mucho de lo mismo, de la misma manera, con la diferencia de que ahora se consideran o se califican de innovadores por acciones coyunturales o puntuales.

La innovación es una concepción de la empresa, un sistema, un proceso y un valor. 

Suelo apostar por proveedores innovadores o con un punto diferencial y esa sensibilidad, y suelo encajar con clientes permeables a ese valor, y esa es la corriente que viene o que está o que hemos de generar.

Fomenta el cambio, innova y desmárcate

La innovación empresarial suele generar mucho desconcierto , sobre todo cuando te juegas mucho con la innovación.

Suele generar mucho miedo e incertidumbre el cambiar las cosas que llevamos mucho tiempo haciendo: miedo al cambio, miedo a que no tenga buena acogida por nuestros clientes, miedo a que perdamos todo o parte de lo que nos ha llevado tanto tiempo crear.

Sin embargo, creo que hay algo que da mucho más miedo: el mantenerte siempre igual y no crecer.

Me desasosiega que la innovación que llevo a cabo en mis empresas se perciba como algo superficial, como una capa que no va acompañada de algo más profundo que aporte valor al cliente y que redunde en valor para la compañía.